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miércoles, 27 de diciembre de 2023

UNA LOMBRIZ MUY ASTUTA

 

UNA LOMBRIZ MUY ASTUTA

¿Qué pasaría si un gorrión se encontrara con una lombriz muy inteligente? Eso es lo que les voy a contar en esta historia, una historia muy linda, un cuento que da para pensar bastante y de la cual podemos aprender bastante.


Todo empezó una mañana soleada, cuando un gorrión hambriento se posó en el césped de un parque, buscando algo que comer. Allí vio a una lombriz que se arrastraba por la tierra, y sin pensarlo dos veces, se lanzó a por ella. Pero lo que no sabía el gorrión es que esa lombriz era muy especial, y tenía una gran capacidad para pensar y hablar.

– ¡Espera! – le dijo la lombriz al gorrión, justo antes de que este le clavara el pico – ¿Sabes cuál es la diferencia entre un gorrión y un avestruz?

El gorrión se quedó sorprendido, y soltó a la lombriz. No esperaba que una lombriz le hablara, y menos que le hiciera una pregunta tan extraña.

– ¿Qué? – preguntó el gorrión, confundido.

– La diferencia entre un gorrión y un avestruz – repitió la lombriz – ¿La sabes?

El gorrión pensó un momento. Sabía que los avestruces eran unos pájaros muy grandes, que no podían volar, y que vivían en África. Pero no entendía qué tenía que ver eso con él.

– No sé, dime tú – respondió el gorrión.

– Pues la diferencia es que los avestruces tienen dos dedos en cada pata, y los gorriones tienen cuatro – explicó la lombriz.

– ¿Y eso qué importa? – preguntó el gorrión, impaciente.

– Pues importa mucho – dijo la lombriz – Porque los dedos de los pájaros son los que les permiten agarrarse a las ramas, y también los que les ayudan a impulsarse para volar. Los avestruces no pueden volar porque tienen pocos dedos, y por eso son tan pesados. Los gorriones, en cambio, pueden volar porque tienen muchos dedos, y por eso son tan ligeros.


El gorrión se quedó pensativo. Nunca se había fijado en sus dedos, ni en lo importantes que eran para volar. Se miró las patas, y vio que efectivamente tenía cuatro dedos en cada una.

– Es verdad – dijo el gorrión – Tengo cuatro dedos. Y gracias a ellos puedo volar.

– Así es – afirmó la lombriz – Y sabes qué más? Que los gorriones son capaces de levantar el vuelo en menos de un segundo, desde que están posados en el suelo. Eso es muy rápido, ¿no crees?

El gorrión asintió. Se sentía orgulloso de ser un gorrión, y de poder volar tan bien. Se olvidó por completo de que tenía hambre, y de que quería comerse a la lombriz.

– Eres muy inteligente – le dijo al gusano – ¿Cómo sabes tantas cosas?

– Leo mucho – respondió la lombriz – Me gusta aprender cosas nuevas cada día. Y también me gusta hablar con otros animales, como tú.

– Pues yo no suelo hablar con lombrices – admitió el gorrión – Ni con otros animales. Solo con otros gorriones.


– Eso es una lástima – dijo la lombriz – Porque hay mucho que aprender de otras especies. Por ejemplo, ¿sabes qué es la lombritis aguda?

El gorrión negó con la cabeza. No tenía ni idea de lo que era eso.

– La lombritis aguda es una enfermedad muy grave que afecta a los pájaros que comen lombrices inteligentes como yo – explicó la lombriz – Los síntomas son fiebre, tos, dolor de cabeza y pérdida de plumas. Es muy contagiosa, y puede ser mortal si no se trata a tiempo.

El gorrión se asustó al oír eso. No quería enfermarse, ni perder sus plumas, ni morir. Se alejó un poco de la lombriz, y la miró con recelo.

– ¿Estás diciendo que si te como me voy a contagiar de esa enfermedad? – preguntó el gorrión.

– Eso es lo que dicen – dijo la lombriz, con una sonrisa maliciosa – Yo no lo sé con certeza, porque nunca he visto a un pájaro comerse a una lombriz inteligente. Pero yo no me arriesgaría, si fuera tú.

El gorrión se quedó pensando. No sabía si creerle a la lombriz, o si era una mentira para salvarse. Pero tampoco quería arriesgarse a enfermarse. Se quedó mirando al cielo, buscando alguna señal que le indicara qué hacer.

Mientras tanto, la lombriz seguía sonriendo. Sabía que el gorrión estaba distraído, y que no se había dado cuenta de que un gato negro se acercaba sigilosamente por detrás. La lombriz había visto al gato desde el principio, y había usado sus preguntas para ganar tiempo y distraer al gorrión. Era su plan para escapar de ser el almuerzo de un pájaro.

Y el plan funcionó. Justo cuando el gorrión se disponía a comerse a la lombriz, el gato saltó ágilmente y atacó al gorrión. El gorrión logró escapar, pero no sin perder algunas plumas. Y la lombriz, muy contenta, se fue silbando, feliz de haber salvado su vida.



martes, 26 de diciembre de 2023

UN TESORO INESPERADO

 En un pequeño pueblo de Egipto, vivía un hombre llamado Muhad. Muhad era un hombre pobre, de origen árabe, que trabajaba como pastor de cabras. Un día, Muhad encontró un mapa antiguo encontrado entre las pertenencias de su abuelo que indicaba la ubicación de un tesoro enterrado. Muhad estaba muy emocionado, y decidió seguir las pistas del mapa.

Después de un largo viaje, Muhad encontró el tesoro. El tesoro era enorme, y Muhad estaba muy feliz. Decidió llevar el tesoro a casa, y contarles a sus amigos y familiares lo que había encontrado.


Cuando la gente del pueblo se enteró de que Muhad había encontrado un tesoro, comenzaron a pedirle prestado dinero. Muhad era un hombre generoso, y accedió a prestar dinero a todos los que se lo pidieron.

Muhad gastó su dinero rápidamente, y pronto se quedó sin nada. Cuando trató de pedirle a la gente que le devolviera el dinero que les había prestado, nadie pudo hacerlo. La gente había gastado el dinero, o no lo tenía.

Muhad estaba desesperado. No tenía dinero, y no tenía trabajo. Se quedó sin nada, y no sabía qué hacer.

En su desesperación, Muhad decidió vender unas pieles que tenía. Con el dinero que obtuvo, pudo comprar comida y ropa. Sin embargo, pronto se quedó sin dinero nuevamente.

Muhad estaba a punto de perder la esperanza cuando su amigo Jusep lo visitó. Jusep era un hombre rico, y había sido la única persona que no le había pedido prestado dinero a Muhad.

Jusep le dijo a Muhad que debía dejar de gastar su dinero, y comenzar a invertirlo. Jusep le dijo que debía comprar algo que pudiera vender, y luego usar las ganancias para comprar más cosas.

Muhad siguió el consejo de Jusep. Vendió parte de su rebaño de cabras, y recibió un buen pago. Con el dinero que obtuvo, compró más cabras, pero en este caso unas que producían una lana muy fina.

Tiempo después, cuando la lana estaba lista, Muhad la recolectó y la vendió obteniendo una muy buena ganancia. Decidió invertir nuevamente, y así pasaron 10 años hasta que hizo crecer su tesoro nuevamente.

Muhad había aprendido una valiosa lección. Había aprendido que no se debe gastar el dinero alocadamente, sino que se debe invertir de manera inteligente. Muhad también había aprendido que la generosidad es importante, pero que también es importante ser responsable con el dinero.

Muhad era ahora un hombre rico, pero también era un hombre sabio. Había aprendido a administrar su dinero de manera responsable, y había aprendido a ayudar a los demás sin poner en riesgo su propio futuro.